La Asociación de Editores de Andalucía encontró una manera original de promover a los escritores noveles. Cada año organizan un concurso de cuento donde todos los jóvenes residentes en Andalucía pueden participar. Del concurso seleccionan a los ganadores y finalistas para conformar un pequeño libro que es distribuido “en las estaciones marítimas, ferroviarias y aeropuertos como exponente de la campaña “Mejor con un libro””, con la que se pretende fomentar la lectura en los viajeros, que generalmente viajan acompañados de un largo tiempo de ocio y que a veces no tienen otra opción que la lectura, y que mejor que una buena lectura de un buen libro.
El año pasado, en el Festival de Las Letras en San Luis se dieron a conocer las primeras obras publicadas por algunos de los jóvenes potosinos que han pulido su trabajo literario, pero que se sabe poco o nada de su obra ¿alguien sabe donde comprar el libro de Félix Barbosa, el de Roberto Collins o los de Gabriela D´Árbel? Ni en las librerías locales se encuentran. Los escasos ejemplares que circulan son distribuidos por cortesía de los mismos autores entre sus conocidos, pero el número de lectores no crece.
En el caso de Barbosa y Collins, sus libros fueron editados y publicados por el departamento de cultura del Ayuntamiento de la capital, pero no se han visto en las librerías, ni reseñas al respecto en los periódicos, tampoco en el caso de D´Arbel, un libro desafortunado por los errores de edición cometidos por la Universidad Autónoma, donde aparecen las fallas que ponen en evidencia la calidad del trabajo que se realiza en el departamento de edición y maquetación.
Parece bueno impulsar la cultura y las nuevas propuestas de los jóvenes que buscan su lugar en las bellas artes; en el caso de la literatura, a través de la publicación de su trabajo, pero la idea se queda en buenas intenciones cuando el círculo de lectores es el mismo de siempre: las mismas personas que trabajan y viven cerca de la cultura. Sería bueno robarle la idea a la Asociación de Editores de Andalucía y distribuir de manera gratuita los ejemplares de los nuevos escritores potosinos en las paradas del camión, la terminal de autobuses, y en los servicios de atención turística. Si hubieran dejado un lote libros de Félix Barbosa en el aeropuerto Ponciano Arriaga, ¿hasta donde habrían llegado sus libros? ¿España, Francia, Chile, Estados Unidos?
El libro que sirve como pretexto para este comentario fue publicado en 2008, y llegó el año pasado en un lote de libros que fueron destinados como obsequios a los asistentes a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde innumerables editoriales y ministerios de cultura emprenden proyectos similares para distribuir sus libros a mas lugares, y el método más usado es el obsequio de ejemplares. En San Luis, por mucha promoción cultural que se haga, los libros tienen precio ¿quien compra un libro de 60 páginas en 150.00 pesos si por 80 pesos se puede adquirir el emblema de la literatura erótica mexicana de Juvenal Acosta?
Con poco éxito la editoriales públicas, como la de Uaslp, la Secretaria de Cultura del Estado, o la dirección municipal han intentado hacer de la cultura lo que las grandes editoriales: un negocio. Válido, se acepta el hecho de que todo cuesta y debe haber una recuperación de lo “invertido” pero ¿porque al ver los libros en venta en la Feria Nacional Potosina o en las ferias locales de libros, siempre vienen con un aire lucrativo? ¿En realidad el libro vale, en material, lo que cuesta? ¿O quieren darle prestigio al autor poniendo un precio alto a los ejemplares? En todo caso, si vale el libro lo que cuesta, en material de impresión, ¿porque no un subsidio para hacer más fáciles de vender, o incluso regalar esos libros y así facilitar que esos edificios verbales tengan más lectores?
En país de poco lectores y donde las audiencias culturales son menores en comparación con otros país, ponerle precio a la cultura, parece un homicidio por parte de las autoridades encargadas, precisamente darle vida.

