Según el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad en México, se cometen diariamente un promedio de 17 secuestros. La cifra aumenta cada vez más cuando los delincuentes se dan cuenta que es un delito redituable y que queda impune.
El mundo del secuestro, la extorsión, el narcotráfico y la delincuencia organizada en general, ha sido tema literario de Víctor Ronquillo, uno de los pocos periodistas que se han dado a la tarea de documentar los saldos de las atrocidades de la guerra contra el narcotráfico. Cada día aparecen nuevas historias que, para el periodista, merecen ser escritas para, como él dice, “que no sucedan”; de esta forma, utiliza la pluma como arma para apoyar el movimiento ciudadano, que cada día reclama con más intensidad seguridad y justicia.
“Secuestro, los muertos que traigo encima” es el libro más reciente de Ronquillo, donde cuenta la historia de un periodista que por cuestiones azarosas queda involucrado en un secuestro y le queda en sus manos la historia del siglo, y en sus manos le quedan todas las facilidades que un buen reportero quisiera para obtener la mejor información.
Con esta novela corta, Víctor esboza el bajo mundo del crimen organizado en México, probablemente desconocido incluso para el propio presidente Felipe Calderón; como bien dice la contra portada “algo que todos suponemos pero que no sabemos de cierto”, aún y cuando hace unas semanas se reveló el secuestro de Diego Fernández de Cevallos, caso del que se tuvo que retirar la Procuraduría General de la República para no interferir con las negociaciones ¿hasta donde está infiltrado el crimen organizado, que la familia del “Jefe Diego” pidió de manera expresa no intervenir en el caso? ¿Falta de confianza en la procuraduría? ¿Qué sabe la familia Cevallos para haber tomado esa decisión? ¿Qué perfil tienen los secuestradores para presionar de esa forma a la familia?
El caso de Fernández de Cevallos se parece al del empresario potosino Javier García Navarro, que estuvo secuestrado por 11 meses y fue liberado en los primeros días de mayo de 2005, tras largas negociaciones y presiones de los secuestradores, que según versiones publicadas pedían el 3.6% de la riqueza familiar. El caso se parece en la solicitud que hizo la familia a las autoridades para que no intervinieran en el secuestro. Lo más preocupante es el nivel de inteligencia que manejaron los plagiarios. Solicitar una cantidad en relación a la riqueza significa que sabían cuanto obtenía la familia de ganancias por sus actividades comerciales, que incluso están en la Bolsa de Valores. ¿Se repite el patrón criminalístico de los plagiaron con el “Jefe Diego”? Si las grandes familias con todos sus recursos, están desprotegidas y no confían en las autoridades ¿qué garantías tenemos el resto de los mexicanos?
Más allá de la temática y oportunidad de aparición del libro, la historia queda a deber intensidad y emoción. Ronquillo se enfoca en contar el proceso de escritura del periodista envuelto en el trágico secuestro, pero no resuelve ni da pie para completar la historia en este o en un segundo libro, aún cuando es parte de una trilogía. Deja cabos sueltos y no señala a los culpables del crimen, siendo que el objetivo del personaje principal es buscar que el delito no quede impune. Y sin embargo todo se queda igual, casi, como al principio de la historia, como si se hubiera leído una nota en el periódico acerca de un secuestro.
Un buen trabajo pero que no se consolida. Ronquillo: fue el primero en documentar los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez, de hecho él las nombró “Las Muertas de Juárez”, también documentó la ola de asesinatos por homofobia en el sureste de México, con su libro “La muerte viste de rosa”, y también publicó, en co-autoría con Jorge Fernández Menéndez “De los Maras a las Zetas, los secretos del narcotráfico de Colombia a Chicago”. Con ese bagaje y dominio del tema y su experiencia como periodista, podría esperarse un relato más generoso, que revelara precisamente los secretos de la corrupción y el secuestro en México, para que entonces el libro cumpla plenamente su función: quitar la venda de los ojos.

